martes, 9 de noviembre de 2010

RETRATO DEL DUQUE DE ALBA

Este importante retrato de finales del siglo XVIII y ejemplo de una manera de elegancia aristocrática superior, reflejo de las minorías cultas de la Ilustración, pasó a la familia de los Marqueses de Villafranca al fallecer el retratado sin hijos. Fue legado al Prado por Alonso Álvarez de Toledo, Conde de Niebla, aún cuando su viuda lo tuvo en usufructo hasta su muerte en 1926..

Representa a José Álvarez de Toledo y Gonzaga, hijo primogénito de los marqueses de Villafranca, cuyo título obstentó; no obstante, es más conocido por su título de uque de Alba al casarse con María del Pilar Teresa Cayetana de Silva, XIII Duquesa de Alba de Tormes, con la que contrajo matrimonio a la edad de 19 años, contando ella sólo con 13 años.


El matrimonio se hizo por un arreglo de las familias a fin de que la Casa de Alba recuperase el apellido tradicional de la misma, pues el efigiado era descendiente directo del II Duque de Alba, y la vez, los Villafranca emparejaban con uno de los linajes más ricos de España.


La figura, apacible, de severo porte pero sin llegar a ser austera, revela las simpatías del pintor por el modelo. La mancha clara detrás de la figura resalta al autor, así como los contrastes crmáticos. El atuendo es característico del a época, aunque se capte algo de sobriedad del viajero que ha ido a otras tierras, adoptando cosas hispanas, más decorativas y coloristas.


La relación de Goya con la Casa de Alba se consolidó tras su enfermedad en 1793 y puede que esta amistad se fomentase por el parentesco entre el duque y el Conde de Altamira, a quien el maestro aragones retrató para el Banco de San Carlos, y luego a toda su familia.


Aunque el retrato no está fechado, se supone que se empareja por fechas con el de la duquesa, con su perrito a sus pies, que hoy se guarda en el Palacio de Liria, lo cual sitúa la ejecución del cuadro un año antes de morir el modelo. éste que vivió varios años, desde 1791 en Inglaterra, deseaba una imagen conforma a sus gustos internacionales, le dieron el aire de dandy buscado.


Advertimos la inclinación del duque hacia las artes  que el gesto y los elementos, como partituras, el violín o el piano, desvelan los gustos tan opuestos a los e su esposa, más populares,

Fue un hombre frío consecuente y muy religioso.




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