María Tomasa de Palafox (1780-1835) perteneció a una importante y acaudalada familia aristocrática, los Montijo, del linaje de Palafox, de raigambre aragonesa. Recibió una gran educación, inusual de la época, dirigida por su madre María Francisca de Sales Portocarrero, condesa de Montijo, presidenta de la Junta de Damas de la Real Sociedad Económica Matritense, admiradora e Goya, ilustrada, reformadora e las cárceles de mujers y sus reclusas, casada en segundas nupcias con Estanislao de Lugo, director desde 1793 de los Reales Estudios de San Isidro, uno delos centros de enseñanza más importantes.
Casada con Francisco Borja Álvarez de Toledo, marqués de Villafranca y Duque e Medina Sidonia, en 1798, por su matrimoino era cuñada de la duquesa de Alba. Eso influyó ara que Gota retratase a la marquesa consorte.
Goya ejecuta a la modelo de forma teatral: sentada sobre un sillón tapizao de forma de damasco ocre, mientras apoya sus pes sobre un cojín, a modo de escabel. L amarquesa parece concentrada mirando a su esposo Francisco, cuyo busto vestido de militar apaece pintado en el lienzoo a la derecha de la dama. Meia entre el cuaro y la dama diestra que empuña un pincel grueso, una mesa auxiliar sobre la que apoya una paleta oval con aceitera y en la que se lee el nombre del autor.
La escena se produce en un interior sn decorar, donde sobre un fondo pardo sobresale el retrato del marido en un caballete, y la figua sedente de la esposa, eleganteente vestida con un traje talar vaporoso de gasa blanca ceñido sobre el pecho, con amplio escote y mangas a modo imperial.
El pelo negro está recogido, aunque deja caer varios rizos, y sobre su coronilla, un pasaor o diadema dorada
viernes, 26 de noviembre de 2010
RETRATO DE JOAQUINA CANDADO RICARTE
Esta dama se identifica como la zaragonzana Joaquina Candado, hija del militar Joaquín Candao, afincado en la Parroquia de San Felipe, en la calle de los Gigantes en bocacalle del Coso, gran arteria de la ciudad de Zaragoza en esos años. Muerto Joaquín en 1787, la viuda, Josefa Ricarte, de ascendencia levantina, pudo emigrar a la ciudad de Valencia, donde aparecerá este lienzo, donado por la Candado a la Academia en 1819.
El retrato, de cuerpo entero, nuestra a la modelo ricamente ataviada, lo que enota la desahogada posición económica de la que gozaba. Viste un traje negro de gasa de forma imperial, tocada con una vaporosa mantilla negra.
Lleva sus manos y antebrazos enfundados en unos largos guantes de gamuza, en cuya izquierda empuña un abanico marfil de pie corto o inglés, y calzada con zapatos de punta de seda.
Para postre un perrito faldero que le da más posición social
El retrato, de cuerpo entero, nuestra a la modelo ricamente ataviada, lo que enota la desahogada posición económica de la que gozaba. Viste un traje negro de gasa de forma imperial, tocada con una vaporosa mantilla negra.
Lleva sus manos y antebrazos enfundados en unos largos guantes de gamuza, en cuya izquierda empuña un abanico marfil de pie corto o inglés, y calzada con zapatos de punta de seda.
Para postre un perrito faldero que le da más posición social
RETRATO CONDESA DE FERNAN NUÑEZ
Pareja del anterior, esta dama es María Vicenta de Solís Vignancourt Lasso de la Vega, duquesa de Montellano y del Arco, hija del V Duque de Montellano, teniente general del ejército y casado con la Marquesa de Anta.
Nació en 1780, y sindo muy joven, se casó con el Duque de Montellanos en 1798, naciendo de este matrimonio dos hijas, Casilda, que murió siendo niña, y Francisc, que se casaría con el conde de Cervellón.
Poco feliz fue la duquesa en su matrimonio, ya que su amor fue poco correspondido por su esposo, el cual la abandonó pro el que realmente fue el verdadero amor de su vida, Fernanda Firtz- James Stuart.
Muy joven enviudó la desdichada duquesa en 1882 y se casó en segundas nupcias con Filiberto Jose Mahy, con quien no tuvo hijos, siendo su hija Francisca Fernan Núñez, la única heredera de todos sus bienes.
Como su marido, ella fue retratada al aire libre, en un pasaje de suave vegetación y aires velazqueños. Se recorta su figura teniendo como fondo un robusto árbol cuyo tronco inclinado dibuja una diagonal y da profundidad a la figura.
La condesa está sentada sobre un saliente rocoso, lo cual hace que su postura no sea muy afortunada, y resulte un poco forzada, tanto por sus piernas como por la disposición de sus pies casi en ángulo recto. Seguramentge quiso darle una inta de espontaneidad y simpatía, en la expresión de su rostro. Pese a la psotura, luce un hermoso vestido negro ribeteado de cintas doradas y tornasoleado en rojo. EL cuerpo es en ocre con adornos de puntillas más claros, al igual que las mangas largas qu cubren sus brazos.
Sobre el pecho,sostenido por una gruesa cadena dorada, pende un medallón rectangular que nos muestra un retrato masculino de perfil. La cabeza erguida y altanera, porta un bonito tocado rojo y negro con adornos orados que sosienen una leve mantilla negra que cubre sus hombros y cae sobre su torso, cayendo hacia el lado donde se sienta la uquesa.
Delicadas y finas son las íneas que definen su joven y hermoso rostro, con orejas que portan unos áureos pendientes. El cabello castaño y hermoso engloban unos cabellos rizados, con suaves empastes y moladuras sonrosadas que dan calidez a la piel.
SU mano derecha sostiene un abanico que apoya en su regazo, mientras que la izquierda se esconde en su cadera en un gesto desafiante, en consonancia con los aires románticos de sus ropajes.
Nació en 1780, y sindo muy joven, se casó con el Duque de Montellanos en 1798, naciendo de este matrimonio dos hijas, Casilda, que murió siendo niña, y Francisc, que se casaría con el conde de Cervellón.
Poco feliz fue la duquesa en su matrimonio, ya que su amor fue poco correspondido por su esposo, el cual la abandonó pro el que realmente fue el verdadero amor de su vida, Fernanda Firtz- James Stuart.
Muy joven enviudó la desdichada duquesa en 1882 y se casó en segundas nupcias con Filiberto Jose Mahy, con quien no tuvo hijos, siendo su hija Francisca Fernan Núñez, la única heredera de todos sus bienes.
Como su marido, ella fue retratada al aire libre, en un pasaje de suave vegetación y aires velazqueños. Se recorta su figura teniendo como fondo un robusto árbol cuyo tronco inclinado dibuja una diagonal y da profundidad a la figura.
La condesa está sentada sobre un saliente rocoso, lo cual hace que su postura no sea muy afortunada, y resulte un poco forzada, tanto por sus piernas como por la disposición de sus pies casi en ángulo recto. Seguramentge quiso darle una inta de espontaneidad y simpatía, en la expresión de su rostro. Pese a la psotura, luce un hermoso vestido negro ribeteado de cintas doradas y tornasoleado en rojo. EL cuerpo es en ocre con adornos de puntillas más claros, al igual que las mangas largas qu cubren sus brazos.
Sobre el pecho,sostenido por una gruesa cadena dorada, pende un medallón rectangular que nos muestra un retrato masculino de perfil. La cabeza erguida y altanera, porta un bonito tocado rojo y negro con adornos orados que sosienen una leve mantilla negra que cubre sus hombros y cae sobre su torso, cayendo hacia el lado donde se sienta la uquesa.
Delicadas y finas son las íneas que definen su joven y hermoso rostro, con orejas que portan unos áureos pendientes. El cabello castaño y hermoso engloban unos cabellos rizados, con suaves empastes y moladuras sonrosadas que dan calidez a la piel.
SU mano derecha sostiene un abanico que apoya en su regazo, mientras que la izquierda se esconde en su cadera en un gesto desafiante, en consonancia con los aires románticos de sus ropajes.
RETRATO CONDE DE FERNAN NUÑEZ
Es unno de los retratos más espectaculares hechos por Goya. El personaje representado es Carlos Gutiérrez de los Ríos y Sotomayor, nacido en Lisboa el 3 de enero de 1779, hijo del VI Conde de Fernán Núñez, Carlos, y de María de la Esclavitud Sarmiento de Sotomayor.
Murió a los 43 años de edad a ausa de la caída de un caballo, deando tras de sí una compleja biografía.
Muy joven se casó con María Vicenta Solís Vignancourt Lasso de la Vega, duquesa de Montellanos. Al parecer, este matrimonio fue muy infortunado y sus relaciones bastante difíciles, abandonando el conde a su esposa para irse a ocupar la embajada de Londres.
Hijo de embajador, desempeñó cargos diplomáticos como tal en asuntos como el Congreso de Viena, de París y de Londres.
Muy amante del lujo, demostró ucha admiración por la pompa. Su gran habilidad diplomática le granjeó la simpatía de Fernando VII, que lo convirtió en duque del mismo.
El carácter alegre y simpático del noble, lo capta Goya, haciendo en este retrato destacar la elegancia, el estilo y el porte garboso del conde, imprimiéndole la gracia de un personaje popular.
Lo sitúa ante un paisaje abierto en vegetación baa y lumnosos celajes, que hacen destacar la rotunda y erguida figura del personaje, que con una postura un tanto napoleónica y desafiante,apoya con fuerza los pies sobre el suelo, casi en ángulo recto.
El pintor deja ver por la amplia abertura de la capa que lleva una pierna fuerte, robusta y bien modelada, que enfunda el calzón cremoso, y sirve de contrapunto a los tonos negros de la punta de sus botas.
La mano recoge el esbozo de forma altiva, del cual surge un trozo de camisa y la elegante corbata blanca y sedosa que envuelve su cuello hasta la misma camisa.
La cabeza es altiva y lleva un sombrero negro con aires.
Bajo el tocado sobresalen los rizos de su cabellera y las largas patillas que enmarcan el rostro racial y de corte aristocrático del conde.
Son finas las líneas que dibujan la boca, la nariz y los ojos, que, bajo las pobladas cejas, confieren al rostro cierto encanto y aire viril.
Representa la juventud y airosidad e la personalidad de este conde de 24 años, pareja del cuadro de su esposa.
Murió a los 43 años de edad a ausa de la caída de un caballo, deando tras de sí una compleja biografía.
Muy joven se casó con María Vicenta Solís Vignancourt Lasso de la Vega, duquesa de Montellanos. Al parecer, este matrimonio fue muy infortunado y sus relaciones bastante difíciles, abandonando el conde a su esposa para irse a ocupar la embajada de Londres.
Hijo de embajador, desempeñó cargos diplomáticos como tal en asuntos como el Congreso de Viena, de París y de Londres.
Muy amante del lujo, demostró ucha admiración por la pompa. Su gran habilidad diplomática le granjeó la simpatía de Fernando VII, que lo convirtió en duque del mismo.
El carácter alegre y simpático del noble, lo capta Goya, haciendo en este retrato destacar la elegancia, el estilo y el porte garboso del conde, imprimiéndole la gracia de un personaje popular.
Lo sitúa ante un paisaje abierto en vegetación baa y lumnosos celajes, que hacen destacar la rotunda y erguida figura del personaje, que con una postura un tanto napoleónica y desafiante,apoya con fuerza los pies sobre el suelo, casi en ángulo recto.
El pintor deja ver por la amplia abertura de la capa que lleva una pierna fuerte, robusta y bien modelada, que enfunda el calzón cremoso, y sirve de contrapunto a los tonos negros de la punta de sus botas.
La mano recoge el esbozo de forma altiva, del cual surge un trozo de camisa y la elegante corbata blanca y sedosa que envuelve su cuello hasta la misma camisa.
La cabeza es altiva y lleva un sombrero negro con aires.
Bajo el tocado sobresalen los rizos de su cabellera y las largas patillas que enmarcan el rostro racial y de corte aristocrático del conde.
Son finas las líneas que dibujan la boca, la nariz y los ojos, que, bajo las pobladas cejas, confieren al rostro cierto encanto y aire viril.
Representa la juventud y airosidad e la personalidad de este conde de 24 años, pareja del cuadro de su esposa.
LA MAJA VESTIDA
Respecto a la desnuda, su técnica es más abocetada, libre y avanzada.La vibración de color, la delicadeza de sus ropas y la manera de acusar el cuerpo bajo las telas, la hace más incitante. Los transparentes volantes de los almohadones, el breve bolero amarillo o la faja rosada, son dignos de mención en la gama cromática.
No se trata de una maja popular en términos críticos, si se compara atuendo y figura con otros anteriores, pero la indumentaria la hace estar de camino entre la damas principales y las clases menores de dinero, pero con mucha dignidad.
En cuanto a las inspiracione hay varias opinioes, desde la Venus de Velázquez a las figuras femeninas desnudas de Tiziano.
Señalar que ste desnudo impuso un nuevo estilo: una imagen femenina retadora, sin recato, en una especie de exhibición, con los brazos sobre la cabeza y postura relajada
No se trata de una maja popular en términos críticos, si se compara atuendo y figura con otros anteriores, pero la indumentaria la hace estar de camino entre la damas principales y las clases menores de dinero, pero con mucha dignidad.
En cuanto a las inspiracione hay varias opinioes, desde la Venus de Velázquez a las figuras femeninas desnudas de Tiziano.
Señalar que ste desnudo impuso un nuevo estilo: una imagen femenina retadora, sin recato, en una especie de exhibición, con los brazos sobre la cabeza y postura relajada
LA MAJA DESNUDA
La primera mención que se tiene de esta obra es de 1800 por el académico Pedro González Segura, que la menciona en la colección privada de Godoy. En 1808, con el Motín de Aranjuez y la abdicación de Carlos IV, el nuevo rey Fernando VII ordenó secuestrar las propiedades del valido.
La sucesiva invasión francesa impidió realizar el inventario de los bienes y todo permaneció depositado en el "almacén de cristal" de la Real Academia de San Fernando en Madrid.
Restablecida la Inquisición por el monarca, aquella confiscó el cuadro que seguramente estuvo en manos del Santo Oficio, hasta su definitiva desaparición.
De nuevo fue llevado a la academa y colocado en una sala oscura, cerrada al público hasta finales del siglo XIX, ingresando en el Prado en 1901 y apareciendo en sus catálogos hacia 1910.
Las famosas "majas" de Goya son obras míticas y polémicas, tanto por la fecha de su ralización y la figura que representa, como por su propietario, el destino que tuvieron y las críticas que suscitaron. Se han relaconado tradicionalmente con la Duquesa de Alba, aspecto muy discutido. En efecto, ni el rostro del personaje, ni la actitud ni las fechas podían concordar, pero el enigma se mantendrá en tanto no aparezca una prueba fehaciente a favor o en contra de los orígenes de su creación.
En ambos cuadros sorprende la extraña forma de la cabeza, que parece un maniquí, inexpresiva y pegada de maneta ilógica al cuerpo, con el que no parece que tiene mucho que ver.
La fecha de realización se ubica en torno a 1798-1800. La técnica empleada recuerda obras de Goya de 1795; en cambio, la vestida, parece posterior a 1800.
¿Acaso se hizo la segunda para ocultar la primera obra?
Tal vez se trate de una representación de la popular Pepita Tudó, amante del valido con quien mantuvo peculiares relaciones, que llevaron a la dama a ennoblecerse años después: en 1807 recibió el condado de Castillofiel y contrajo matrimonio con Godoy en 1829, a la muerte de la condesa de Chinchón, esposa de éste.
Una cuestión que no se descarta es que Goya utilizó el boceto del cuerpo desnudo de la duquesa para hacer otros desnudos, muy lejos de la belleza ideal que en esos tiempos le gustaba a la aristocracia: tipo fino y elegante, huesos señalados, cintura fina y senos sugerentes.
Curiosamente, Goya fue convocado por la Cámara Secreta de la Inquisición de Madrid para reconocer ambas obras, declarar si eran suyas, indicar el motivo de su creación y por quién.
La sucesiva invasión francesa impidió realizar el inventario de los bienes y todo permaneció depositado en el "almacén de cristal" de la Real Academia de San Fernando en Madrid.
Restablecida la Inquisición por el monarca, aquella confiscó el cuadro que seguramente estuvo en manos del Santo Oficio, hasta su definitiva desaparición.
De nuevo fue llevado a la academa y colocado en una sala oscura, cerrada al público hasta finales del siglo XIX, ingresando en el Prado en 1901 y apareciendo en sus catálogos hacia 1910.
Las famosas "majas" de Goya son obras míticas y polémicas, tanto por la fecha de su ralización y la figura que representa, como por su propietario, el destino que tuvieron y las críticas que suscitaron. Se han relaconado tradicionalmente con la Duquesa de Alba, aspecto muy discutido. En efecto, ni el rostro del personaje, ni la actitud ni las fechas podían concordar, pero el enigma se mantendrá en tanto no aparezca una prueba fehaciente a favor o en contra de los orígenes de su creación.
En ambos cuadros sorprende la extraña forma de la cabeza, que parece un maniquí, inexpresiva y pegada de maneta ilógica al cuerpo, con el que no parece que tiene mucho que ver.
La fecha de realización se ubica en torno a 1798-1800. La técnica empleada recuerda obras de Goya de 1795; en cambio, la vestida, parece posterior a 1800.
¿Acaso se hizo la segunda para ocultar la primera obra?
Tal vez se trate de una representación de la popular Pepita Tudó, amante del valido con quien mantuvo peculiares relaciones, que llevaron a la dama a ennoblecerse años después: en 1807 recibió el condado de Castillofiel y contrajo matrimonio con Godoy en 1829, a la muerte de la condesa de Chinchón, esposa de éste.
Una cuestión que no se descarta es que Goya utilizó el boceto del cuerpo desnudo de la duquesa para hacer otros desnudos, muy lejos de la belleza ideal que en esos tiempos le gustaba a la aristocracia: tipo fino y elegante, huesos señalados, cintura fina y senos sugerentes.
Curiosamente, Goya fue convocado por la Cámara Secreta de la Inquisición de Madrid para reconocer ambas obras, declarar si eran suyas, indicar el motivo de su creación y por quién.
martes, 9 de noviembre de 2010
RETRATO GASPAR DE JOVELLANOS
Este lienzo se dispuso por orden testamentaria del retratado a Arias Saavedra, pasando por varias generaciones, hasta que uno de ellos ecidió donarlo al Prado, quien lo rezhazó por considerar tener obras más importantes e este autor con lo que acabó en una casa de antigüedades, pasando a la colección de los duques de Torres, pasando a la vizcondesa de Irueste y adquirido por el Ministerio de Educación en 1974, destinándolo al Prado.
Culmina el retrato intelectual goyesco, simbólico y amistoso, digno y elegante, refinado y sincero. La espléndida figura del escritor, político y juristas, cuyas indeas tanto influyeron en Goya, resuelta con una gran gama cromática, , revela profunda reocupación y honda psicología que el artista sabía reflejar en sus modelos.
Culmina el retrato intelectual goyesco, simbólico y amistoso, digno y elegante, refinado y sincero. La espléndida figura del escritor, político y juristas, cuyas indeas tanto influyeron en Goya, resuelta con una gran gama cromática, , revela profunda reocupación y honda psicología que el artista sabía reflejar en sus modelos.
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